El catedrático Antonio Damasio, prestigioso neurocientífico y médico neurólogo, ilustra a nuestros alumnos sobre la mente y la consciencia en una conferencia exclusiva para el Instituto Psicobiológico

El catedrático Antonio Damasio, prestigioso neurocientífico y médico neurólogo, ilustra a nuestros alumnos sobre la mente y la consciencia en una conferencia exclusiva para el Instituto Psicobiológico

Muy pocos son los estudiantes en todo el mundo, o cualquier persona en general, que tienen una oportunidad tan única y extraordinaria de asistir a una conferencia con una autoridad intelectual y científica de la talla del catedrático portugués Antonio Damasio.

El Instituto Psicobiológico, en su apuesta por el rigor y la excelencia curricular de sus alumnos, ha vuelto a realizar un ímprobo esfuerzo por brindarles la oportunidad de asistir a una clase magistral excepcional de una autoridad científica internacional en el campo de la Neurociencia. Si en su pasada edición el Máster en Inteligencia emocional multidisciplinar contó con el catedrático estadounidense Joseph E. LeDoux, en esta ocasión la ponencia magistral ha sido protagonizada por una persona considerada de las mentes más brillantes en la actualidad.

Prestigioso neurocientífico, médico, investigador y docente, además de Doctor Honoris Causa de más de diez universidades, el catedrático Antonio Damasio –actualmente es profesor de Psicología, Neurociencia y Neurología de la University of Southern California– protagonizó en la cuarta Jornada Formativa del Máster en Inteligencia emocional, Psicología positiva, Neurociencia, Ciencias de la Felicidad, el Bienestar y la Salud, una clase magistral por videoconferencia en directo.

En su exposición, brillante y abarcando diferentes cuestiones planteadas por la directora del Instituto Psicobiológico, la Dra. Mercedes García, y el catedrático de Psicobiología Fernando Colmenares, el Dr. Damasio rememoró sus inicios y su curiosidad sempiterna por la mente y la consciencia, así como también respondió a varias preguntas planteadas por nuestros alumnos.

Antonio Damasio: «Yo no quería ser neurólogo ni neurocientífico, sino entender la mente humana»

Repasando los albores de su carrera, el catedrático afirma que su objetivo no era sino entender la mente humana: “Cómo pensamos, cómo tomamos la decisiones, y cómo somos conscientes del mundo que nos rodea”. Como relató, siendo un adolescente, fue alentado por un profesor de Filosofía de su juventud en Portugal, que le invitó a leer la biografía y obra del psiquiatra y neurocirujano portugués António Egas Moniz –Premio Nobel por sus estudios sobre la circulación sanguínea cerebral–: “Entonces decidí que esa iba a ser mi profesión: neurocientífico”.

 

Emociones, sentimientos y cerebro

Uno de los puntos más relevantes de su intervención fue el referido a su incursión en el estudio de las emociones: “Durante un largo periodo, me centré en investigar la memoria y el lenguaje con mi equipo en el laboratorio, pero luego reparé en que nada de esto tenía sentido alguno a no ser que entendiéramos algo tan fundamental, y más profundo, como son las emociones y los sentimientos y la consciencia”.

Como explica el neurocientífico, “nuestra estructura mental, nuestra inteligencia, no solamente es humana, sino que se remonta muy atrás en la evolución, y para entender las acciones como la toma de decisiones sobre cosas muy sutiles o complejas, necesitas tener una estructura mental humana en la que las emociones y los sentimientos, sean parte esencial de nuestra humanidad”. Además, apostilla, “no es posible entender la consciencia sin entender los sentimientos”.

«La gente normalmente no suele tener claro en qué se diferencian una emoción y un sentimiento»

Nadie mejor que el doctor Antonio Damasio para detallar cómo es el proceso: “cuando se siente una emoción (emotion), cambia algo en el cuerpo, en la mente, en el cerebro, y esos cambios están relacionados con el funcionamiento del cuerpo (por ejemplo, mayor tensión arterial y ritmo cardíaco ante el miedo); también se pueden producir cambios que no son visibles, como la secreción de hormonas de determinados órganos; además, cambios en los músculos, las vísceras, los órganos endocrinos, y eso supone un gran cambio corporal en general: es un efecto coordinado”.

A esto –argumenta el catedrático– “no se le puede llamar un sentimiento, porque hasta aquí estamos describiendo acciones (del corazón, pulmones, músculos) que en gran parte puede observar otra persona”.

En cambio, un sentimiento (feeling) es otra cosa, es “lo que uno experimenta cuando uno siente una emoción”. De esta manera, “en cierto modo, la emoción es algo público, algo que cualquiera puede ver, mientras que un sentimiento es algo privado, interno, subjetivo, que solamente yo puedo percibir”. Y ésta, subraya el catedrático, es una distinción crucial “porque hay muchos animales y seres vivos que tienen emociones, pero que probablemente no tendrán sentimientos”. Por lo tanto, “una cosa es la emoción, y otra, la experiencia de esa emoción, que es el sentimiento”.

De la ameba al ser humano

Otro interesante debate, sobre el que el catedrático transmitió interesantes reflexiones, es el referido a la evolución de los seres vivos y la implicación de las emociones en todo ese proceso. “4.000 millones de años de evolución y la mayor parte de ese grandísimo periodo, no había mente”, ha dicho el neurocientífico, que añade que fueron precisamente esas emociones las que determinaron la manera de relacionarse entre unos y otros.

«Para entender la evolución y las emociones, debemos hablar en clave de supervivencia»

“Incluso un ser muy sencillo como una ameba ya es capaz de operar de forma inteligente y de actuar de forma emotiva, es decir, hay una inteligencia que está relacionada con las capacidades de ese animal, y hay una inteligencia que tiene un componente emocional, una señal que nos avisa si las cosas se ponen feas (para su supervivencia), en cuyo caso nos retiramos, sentimos temor, o respondemos de forma agresiva”.

¿Cuál es la fuente de esa inteligencia? ¿Es cultural, natural? Para el Dr. Damasio, “la inteligencia y la forma de elegir, de gestionar las decisiones, es algo que surge sin duda del propio organismo y que viene dictada por si las cosas son positivas para la supervivencia o no”. Dicho de otro modo, los animales o seres “organismos con la capacidad de sufrir y de disfrutar son los que nos dan a entender la historia de la humanidad”.


El ancla de la consciencia y los marcadores somáticos

Antes de pasar a un turno de preguntas por parte del Dr. Colmenares y de los propios alumnos del Máster en Inteligencia emocional, el Dr. Antonio Damasio reflexionó sobre su teoría de la consciencia, y en este punto ha recalcado que su punto de vista difiere de los estudios clásicos. “La mayoría de las definiciones de la consciencia no incluyen ese elemento que siente y que vive, que tiene emociones y sentimientos”, e hizo hincapié en que la consciencia “siempre existe vinculada a un determinado organismo y estado de vida; en otras palabras, si no tienes sensaciones, sentimientos, sentido de tu cuerpo, con bienestar o sin él, con dolor o sin él, no tienes ese ancla para la consciencia”.

La videoconferencia del Dr. Damasio –formato en el que, según confesó, se estrenaba– culminó con un turno de preguntas planteadas por nuestros alumnos. Aquí, el catedrático tuvo la oportunidad de desarrollar su idea de los marcadores somáticos para ahondar en el influjo de las emociones en la toma de decisiones. Es aquí donde el catedrático, invocando lo que él llama, entre otras cosas, el error de Descartes, muestra nuevamente su oposición a una corriente clásica. “Siempre se decía decía que, a la hora de tomar decisiones, las emociones no son buenas consejeras, por lo que no debíamos dejarnos influir con ellas; la teoría de los marcadores somáticos, sin embargo, explica que para tomar buenas decisiones, en primer lugar, hay que escuchar a las señales que recibimos de las emociones”, señala el catedrático, y añade: “Son esos instintos, esas emociones que te dicen que te preocupes por algo, que tengas miedo de algo, o esos que te dicen, hazlo”.

«La Razón, por sí misma, no es suficiente para tomar decisiones: deben intervenir las emociones»

De manera orgánica, insistió en su idea desarrollada durante toda la conferencia, indicando que “la razón, por sí sola, no puede ser suficiente en la toma de decisiones”, porque la forma en la que hemos evolucionado todos los seres vivos, reiteró, “ha sido precisamente consecuencia de tener muchas buenas decisiones, la mayoría elaboradas sobre la base de las emociones”.

Instituto Psicobiologico
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