El autoconocimiento y la autoestima en el desarrollo de la madurez personal

El autoconocimiento y la autoestima en el desarrollo de la madurez personal

Hay un aspecto que condiciona toda nuestra vida y es la idea o noción que se tiene de uno mismo. Todo lo que uno cree que es como persona queda apresado dentro de un conjunto de características que son la base de la identidad. El valor que se les atribuye es la autoestima, es  la importancia mayor o menor que le doy a esa  identidad.

A veces hay aspectos de nuestra forma de ser que determinan ciertas conductas pero no nos damos cuenta, somos inconscientes respecto a algunas actuaciones o motivaciones.

Cuando vamos conociendo más sobre nosotros, vamos ampliando nuestro autoconcepto, a veces, como consecuencia, cambiando determinados aspectos y dando más importancia o valor a otros: nuestro autoconocimiento va modificándose y la  personalidad evoluciona. El contexto donde todo esto tiene lugar es el conjunto de condicionamientos sociales y  familiares.

Desde una perspectiva sistémica, holística, abordaremos el estudio del autoconocimiento, de la autoestima, de la autoconciencia, ya que es la clave para acercarnos a una comprensión profunda de nuestra individualidad, camino largo y difícil, pero que permitirá una auténtica toma de conciencia de muchos de los deteminantes de nuestra vida y el descubrimiento de aspectos personales que habían pasado inadvertidos.

La obra de Theodore Millon proporciona una propuesta integradora en la que se tienen en cuenta distintos enfoques y sus aportaciones para la investigación de estas conductas y procesos autorreferidos.

Especialmente importante es la autoestima y quizá, todavía más, su relativa inestabilidad, ya que su vulnerabilidad ante impactos capaces de dañarla, es uno de los más claros índices de lo que está sucediendo en la experiencia y la conducta de un sujeto. Si la autoestima se halla por los suelos o si se derrumba al menor choque con la realidad, es que algo va muy mal en la persona. Por tanto, la auotestima es un relevante indicador, una señal de alarma, que constituye un punto de análisis privilegiado en el proceso de autoconocimiento.

Pero, ¿de qué depende la autoestima? El modelo del interaccionismo simbólico sostiene que la autoestima depende básicamente de la estima de los demás, lo cual probablemente es cierto en algún grado: sobre todo lo es a lo largo de la infancia. En la vida adulta, sin embargo, seguramente la autoestima depende no tanto de cómo le ven a uno los demás, sino del juicio del sujeto acerca de la eficacia de sus acciones, de sus logros personales. No obstante, existen diferencias individuales en los determinantes de la auotestima según los distintos estilos de personalidad.

Por todo ello, intentar entendernos más en un acto de autoatención  y “darse cuenta” es el primer paso para conocerse y, en definitiva, para ser más libres: pues no se controla lo desconocido y sin control no hay libertad. Y aunque el destino es desconocido  e incontrolable, no así, nuestra capacidad de actuación en el mismo y de modificación de lo que vamos viviendo.

DRA. VIOLETA CARDENAL HERNAEZ

Profesora Titular de la Facultad de Psicología

UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

Dra. Mercedes García
Dra. Mercedes García