El impacto de la Inteligencia emocional sobre la regulación de la Epigenética

El impacto de la Inteligencia emocional sobre la regulación de la Epigenética

Hemos tenido el placer en el Instituto Psicobiológico de contar por cuarto año con la doctora en Biología e investigadora en la Complutense (UCM) Carmen Vida, en esta ocasión para profundizar en la ‘Epigenética: la memoria molecular que se hereda’, en el marco del Máster multidisciplinar en Inteligencia Emocional, Psicología Positiva, Neurociencia, Coaching y estudio científico de la felicidad. En una ponencia no exenta precisamente de tecnicismos científicos, la Dra. Vida ha tratado de acercar a nuestros estudiantes los contenidos puramente biológicos y del ámbito de los genes y hormonas para concluir que mucho de lo que somos y en lo que nos convertimos –cuando somos adultos– se debe precisamente a la Epigenética.

Si tuviéramos que describir la Epigenética, es la disciplina que estudia todos aquellos mecanismos no genéticos que alteran la expresión genética, sin que haya ningún cambio en la secuencia del ADN.. La Genética estudiaría la herencia biológica –transmisión de genes a lo largo de las generaciones–, siendo el genoma el conjunto de todos genes contenidos en los cromosomas, lo que puede interpretarse como la totalidad del material genético que posee un organismo o una especie en particular. Pero habría que diferenciar igualmente genotipo y fenotipo. El primero corresponde al código genético, a la cadena de pares de bases del ADN de cada individuo, mientras que el fenotipo es la expresión genética (genotipo + ambiente) que los genes tienen en nosotros. Y es que, en nuestros millones de células –tenemos aproximadamente 37 billones– se activan, reprimen y silencian –por metilación y otros mecanismos moleculares– genes de forma constante. Lo que se ha sabido con la investigación científica es que células que son genéticamente idénticas no se expresan en el mismo fenotipo, y que el ambiente puede contribuir a cambiar el fenotipo.

Por lo tanto, como explica la Dra. Vida, la herencia es algo más que los genes, y eso se demuestra en los estudios realizados en gemelos (univitelinos o de un solo cigoto), con un mismo genoma y un fenotipo dispar. Poseemos un código genético fijo, una cadena inmutable, pero la expresión genética es otra cosa.

Son aspectos heredables, y la Epigenética vendría a explicar todos aquellos mecanismos que hacen que la expresión de un genoma varíe sin que haya un cambio en la secuencia genética. En este sentido, señala la Dra. Camen Vida que se puede tener un cambio de fenotipo mediante dos vías: el mecanismo clásico (mutación), y el epigenético, que son todos los mecanimos celulares que hacen que el gen se active o desactive sin cambio alguno en la secuencia genética.

La herencia generacional del estrés o la ansiedad

Mediante los innumerables estudios que se han realizado en el campo de la Epigenética (sobre todo con roedores), se ha concluido que, incluso con el bebé en gestación, los mecanismos epigenéticos están en pleno funcionamiento. Así, por ejemplo, una madre que durante la gestación está sometida a un gran estrés emocional (emociones negativas, ansiedad, depresión…) provocará que se activen y/o repriman determinados genes implicados en la regulación del estrés y la ansiedad, dando lugar por ejemplo a un aumento del cortisol (hormona reguladora del estrés) que pasará por vía sanguínea de la placenta al feto, produciendo vasoconstricciones. En este sentido, se han estudiado niños de madres gestantes que han pasado por mucha ansiedad, y acaban padeciendo alteraciones conductuales cuando son adultos.

Un interesante estudio ha mostrado cómo los bebés de mujeres que estaban gestantes cuando ocurrieron los atentados del 11-S (y desarrollaron estrés postraumático) presentaban bajos niveles de cortisol en su saliva –en comparación con la media normal–, e incluso habiendo cumplido 10 años, desarrollaban un patrón conductual de trastorno de estrés postraumático (sin que hubieran experimentado situaciones traumáticas en su vida), además de otros síntomas evidentes como fatiga crónica, depresión aguda y depresión.

Otra investigación que apunta a la ‘herencia de los traumas’ muestra cómo los descendientes de personas que sobrevivieron al Holocausto desarrollaron estrés postraumático y un patrón epigenético muy alterado (con genes activados en exceso o demasiado silenciados) a pesar de no haber experimentado situaciones de esa índole. En cualquier caso, todos los estudios corroboran que las marcas epigenéticas se heredan desde el desarrollo embrionario y se transmiten a la descendencia.

Ambioma, psicología, felicidad, emociones…

Uno de los conceptos más abstractos que siempre acompañará a la Epigenética es el ambioma. Con un sentido claramente contextual o experiencial, el ambioma se ha vuelto uno de los pilares sobre los que se asienta y configura la expresión genética y el desarrollo del individuo, teniendo en cuenta la poderosa influencia que tienen la calidad de la experiencia, las situaciones vividas, el medio ambiente, la alimentación, la personalidad-carácter, el vínculo de apego paterno-maternal en la infancia, etc.

El peso de la Inteligencia Emocional

En la línea de las investigaciones desarrolladas por la Dra. Mercedes García, directora del Instituto Psicobiológico, la Dra. Carmen Vida tiene claro que, teniendo en cuenta el genotipo, fenotipo y ‘ambioma’, la “Inteligencia Emocional sin duda tiene un peso importante en la Epigenética”, y en relación al ámbito de la Psiconeuroinmunoendocrinología y su vinculación con la Epigenética, se ha investigado sobre la incidencia del entorno y de los vínculos tempranos (familiar y luego social), como factores propiciadores de un desarrollo psicofisiológico saludable o vulnerable, y su transmisión a la siguiente generación.

La Dra. Vida basa sus argumentos en los nuevos estudios científicos que han demostrado que cuando estamos felices (bienestar subjetivo), nuestro estado emocional tiene un poderoso efecto sobre los mecanismos epigenéticos, afectando a los sistemas reguladores del organismo (nervioso, inmunitario y endocrino), al igual que lo harían otros factores, como los rasgos de la personalidad. De ahí que se recomienden métodos y técnicas para propiciar pensamientos y emociones positivos, optimismo, gratitud, buenos vínculos sociales afectivos, etc. Todo ello se traduce en el impulso de hormonas ‘positivas’ como la dopamina, la serotonina y DHEA, en detrimento de otras ‘negativas’ como el referido cortisol, hormona reguladora del estrés.

Instituto Psicobiológico
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