Influencia de las actitudes positivas en la salud

Influencia de las actitudes positivas en la salud

La catedrática María Dolores Avia (UCM) ofreció en la quinta Jornada Formativa del Máster en Inteligencia Emocional una interesante ponencia que abarcó numerosas temáticas. Además de desarrollar los aspectos sobre la Psicología positiva, las fortalezas y la resiliencia, la Dra. Avia dedicó el último apartado de su intervención a un interesante tema muy en la línea de la investigación de la Dra. Mercedes García –junto con la catedrática Mónica de la Fuente–, con un título que decía así: ‘Influencia de las actitudes positivas en la salud. Beneficios de una actitud positiva’.

La respuesta a la pregunta ‘¿Mejora la salud tener una actitud positiva?’ es un rotundo sí. Y no lo dice solamente la Dra. Mª Dolores Avia, sino que existe una frondosa investigación empírica que así lo apunta.

Tenemos que recordar que una de las pioneras e interesantes investigaciones científicas, en este sentido fue la que llevó a cabo la Dra. Mercedes García, directora del Instituto Psicobiológico en jóvenes de 20 a 30 años. Una investigación con base empírica y exhaustivo análisis en laboratorio que estuvo dirigida por los catedráticos Fernando Colmenares y la catedrática Mónica de la Fuente, cuyas conclusiones fueron muy esclarecedoras.

“En la investigación doctoral del constructo de salud, se ha incluido una batería de ensayos inmunológicos y del sistema neuroendocrino in vitro, que reflejan la eficacia funcional de los grandes grupos celulares implicados en la respuesta del sistema inmunológico (neutrófilos, linfocitos y células Natural killer) y del sistema neuroendocrino (adrenalina, noradrenalina, dopamina y cortisol). La evaluación de esta actividad funcional permite obtener un ‘perfil’ inmunológico y neuroendocrino de la respuesta del individuo en una serie de indicadores que han mostrado una estrecha relación con la salud” (García et al., 2015). El estudio científico evaluó la personalidad, bienestar y salud de 246 jóvenes de 20 a 30 años y la relación e incidencia con sistemas fundamentales como el inmunitario y endocrino.

Desde el campo de la Psicología positiva, la catedrática María Dolores Avia señala que hay una “idea extendida de que la gente que tiene actitudes negativas ante una enfermedad tarda más en recuperarse, mientras que los que tiene actitudes positivas gozan de mejor salud”. No sólo es una idea, es un hecho científico.

Ejemplos hay muchos, y la Dra. Avia –experta en Personalidad y Psicología Positiva– se basa en estudios como el realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2007, que concluía que el riesgo de tener un problema cardíaco era “prácticamente el doble en personas que a lo largo de su vida habían pasado por un episodio depresivo”. Otros estudios apuntan que patologías como el estrés crónico tienen un efecto negativo en la salud y está relacionado con la hipertensión, comienzo de diabetes y peor funcionamiento del sistema inmunológico.

Y es que, como sabemos, psicológicamente, los problemas personales fuertes provocan cambios emocionales intensos y duraderos, y los efectos psíquicos, sociales y de conducta producidos por ello están asociados a “cambios serios de tipo biológico”, como por ejemplo incremento de los niveles de cortisol, alteraciones del sistema inmunitario o cambios cardiovasculares o en los neurotransmisores.

Autores como Martin E. P. Seligman afirman que la buena salud mental (abarcaría emociones positivas, implicación en el medio, tener fines claros, relaciones positivas con los demás, logros positivos…) tiene efectos beneficiosos sobre trastornos coronarios, diabetes, enfisema, osteoartritis, ceguera, demencia, fallo renal y ciertas formas de cáncer de mama.

Blindaje contra patologías

Por lo tanto, como lo expresa la catedrática María Dolores Avia, “la salud mental positiva no sólo es deseable en sí misma, sino que también es un amortiguador de enfermedades físicas y mentales”.

Autores como Scheier y Carver descubrieron que las personas optimistas “se recuperaban antes de un bypass de la arteria coronaria, volviendo antes al trabajo y reanudando sus actividades personales, sociales y laborales”. Otro autor, Snowdon, vio una clara relación entre actitudes positivas y esperanza de vida, al comprobar en un estudio realizado con monjas que las personas que han tenido una actitud positiva ante la vida viven una media de siete años más que las menos positivas, de manera que la “expresión de emociones positivas predice la supervivencia”.

La salud se ve beneficiada de las actitudes positivas porque tienen efectos sobre el sistema inmune, y también por las conductas saludables que promueven, tales como la búsqueda de apoyo social, intentos de resolver la situación, comportamientos preventivos o la misma adherencia a los tratamientos. Del mismo modo, las emociones positivas “amplían el pensamiento y los repertorios de conducta, y al hacerlo así construyen recursos biopsicosociales que apoyan el enfrentamiento a los estresores y la salud mental y física” (Fredikson).

Desde la Psicología positiva, la Dra. María Dolores Avia lanzó durante la Jornada formativa del Máster en Inteligencia emocional multidisciplinar, una serie de consejos que resultó de gran interés para los alumnos de la formación.


Instituto Psicobiológico
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