La catedrática Mª Dolores Avia nos muestra el camino al optimismo inteligente y a la Psicología Positiva

La catedrática Mª Dolores Avia nos muestra el camino al optimismo inteligente y a la Psicología Positiva

“La Psicología siempre ha estado demasiado asociada al sufrimiento”, afirma la doctora Avia, que diferencia el optimismo inteligente del ilusorio del “Si quieres, puedes”

Hemos tenido el honor en el Instituto Psicobiológico de volver a contar en nuestro equipo docente multidisciplinar con toda una referente de la Psicología en España como es María Dolores Avia, catedrática de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y una de las mayores expertas en personalidad –fue pionera en los años 90 en la traducción en España y revisión del modelo de los Cinco Grandes de McCrae y Costa– . La Dra. Avia imparte Psicología de la Personalidad en el Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la UCM, y reiteró el hecho de que hace ya varios años nombró a nuestro instituto como Institución Positiva.

La catedrática participó en el cuarto seminario del Máster en Inteligencia Emocional, Psicología Positiva, Neurociencia, Coaching y estudio científico de la felicidad, con la ponencia ‘Optimismo inteligente: Psicología de las emociones positivas’, que comparte título con su obra más conocida –de la que es coautora junto a Carmelo Vázquez–, publicada en 1998.

La Dra. M.ª Dolores Avia comenzó abordando los inicios de la Psicología Positiva, movimiento que tomó forma en EEUU a raíz de una comunicación presidencial del entonces presidente de la APA (American Psychological Association), Martin P. Seligman, realizada en 1999, y desde entonces este área ha recibido un gran reconocimiento.

Lo cierto es que autores como María Dolores Avia han situado a la Psicología Positiva como una materia referente, no sólo por el mensaje que transmite, sino también por proporcionar una vertiente hasta entonces secundaria en la Psicología, tradicionalmente “demasiado asociada al sufrimiento (conflictos, traumas, déficits, pesares, etc.) de las personas”. La Psicología Positiva defiende la legitimidad del estudio científico de los aspectos positivos o, como lo denomina la catedrática, “el repertorio positivo de las personas” entre emociones, cualidades, destrezas, habilidades, fortalezas…

En otras palabras, “decidimos atender en la Psicología Positiva todos los aspectos más valerosos, saludables, humanos y admirables de la vida, sin pretender negar los conflictos, problemas y el sufrimiento”.

El ‘realismo’ pesimista/optimista

Lógicamente, la Psicología Positiva se sustenta en gran parte en las emociones positivas, en cómo desarrollarlas y enlaza con un concepto que ya hemos tratado en el Máster en Inteligencia Emocional, como es el bienestar subjetivo o hedónico (valoración general que hace un sujeto sobre toda su vida, incluyendo la felicidad, satisfacción vital y el aspecto positivo).

Como señaló en su disertación la Dra. Avia, no es cierto que la relación o secuencia entre las emociones negativas y positivas se dé en un continuum. En este caso ‘continuo’, el “malestar psicológico nos llevaría en caso extremo a la depresión, y en el contrario el bienestar psicológico sería la plenitud”, y justo en medio estaría el ‘realismo’. Pero no es así. La relación es ortogonal, es decir, que son estados independientes. “Tanto el optimista como el pesimista piensan que ven (el mundo) de forma realista”, añadió la doctora. De esta manera, los expertos en emociones han descubierto que los “procesos por los que se generan, modifican y eliminan emociones positivas son distintos que para las emociones negativas”, por lo que “no son equiparables en un continuum”. En otras palabras, optimismo no es lo contrario de pesimismo, son planos independientes.

Lo que la investigación ha señalado es que sí que hay un ‘continuo’ que iría de pocas emociones negativas a muchas emociones negativas, y lo mismo con las positivas. Además, la tendencia a tener emociones de uno u otro tipo es estable: “Tienden a ver las cosas positivas aunque les pasen cosas, y negativas aunque no les pase nada”. Una patología muy característica sería la depresión, una predilección por las emociones negativas, y en la misma depresión se produce a veces un caso muy singular, que es la anhedonia: la incapacidad o dificultad para experimentar placer, o una pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades.

Optimismo inteligente no es un “Si quieres, puedes”

Tal como lo expresa la catedrática María Dolores Avia, la felicidad es un objetivo legítimo, y el optimismo inteligente aparece como una herramienta esencial para adaptarnos al medio y transformarlo, un requisito para la supervivencia. Se trata de cultivar el optimismo a través de expectativas positivas, esperanza, persistencia y constancia en la búsqueda de metas, y ello sólo tendrá efectos positivos en nuestra inteligencia emocional y, por ende, en nuestra salud. No debe confundirse con el optimismo ilusorio, carente de fundamento y común entre los libros de autoayuda con la mítica frase: “Si quieres, puedes”.

Desde la infancia

Es uno de los aspectos tratados en el Máster en Inteligencia Emocional y la Dra. María Dolores Avia también resaltó la gran influencia que tiene el apego materno-paterno. ¿Se puede aprender a ser optimista? Para responder a esta pregunta, la Dra. Avia recuerda la teoría de Seligman sobre el apego materno-paterno, pues “un organismo joven que experimenta seguridad con el cuidador” propiciará el desarrollo de emociones positivas, que serán el estímulo para el afán de explorar y el juego en el niño, y fundamental para adquirir “destrezas y competencias”.

El caso contrario es el del niño que no experimenta seguridad ni tiene las condiciones de apego necesarias, de manera que no genera emociones positivas. De esta manera, hay una limitación en el repertorio que conduce a las destrezas, no hay expansividad y se crean barreras defensivas ante amenazas externas: “El mundo estará lleno de problemas”.


Instituto Psicobiológico
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