Psicología positiva e Inteligencia Emocional en la educación y trabajo social

Psicología positiva e Inteligencia Emocional en la educación y trabajo social

La Psicología positiva (Garassini & Zavarce, 2010) es una ciencia social que analiza las bases del bienestar psicológico teniendo en cuenta las capacidades, los recursos y las fortalezas de las personas, para potenciarlas con el objetivo de mejorar su calidad de vida en todos los ámbitos. Es decir, se focaliza en el crecimiento personal y considera al individuo como un sujeto activo, consciente de sus potenciales para, de este modo, pueda ser autónomo en la toma de sus decisiones hacia el cambio. Una fortaleza es un rasgo de personalidad del individuo que se da en distintas situaciones y a lo largo del tiempo (Peterson & Park, 2009).

Por otro lado, la Inteligencia emocional es un concepto definido por Mayer y Salovey (1990), donde ponen de manifiesto que es la habilidad para manejar los sentimientos y emociones, discriminar entre ellos y utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y acciones, así como regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual.

Los profesionales de la educación social tienen como objetivo el ayudar al sujeto en su proceso de socialización y de desarrollo personal. Y por parte de los profesionales del trabajo social, su objetivo es el asesoramiento, apoyo, intervención y tratamiento a individuos de la sociedad que necesiten tal ayuda.

Tanto en una profesión como en la otra son importantes en toda relación que tenga como objetivo la ayuda. El núcleo en común que hay entre el trabajo y la educación social es el objetivo de ayuda, aunque mediante diferentes mecanismos. Teniendo en cuenta esto, tanto la inteligencia emocional como la psicología positiva son dos ámbitos de los cuales se puede beneficiar en su uso, el profesional de la educación social y el trabajo social.

Tal y como señalan los autores Jiménez, Alvarado & Puente (2013) en su investigación “Una aproximación al Trabajo Social desde la óptica de la Psicología positiva (virtudes y fortalezas)”, efectivamente existen fortalezas que se consideran claves para un buen desarrollo del trabajo social.

En concreto, en esta investigación se llegó a la conclusión de que las más importantes eran la justicia y la humanidad. La Justicia entendida como fortaleza está relacionada con fortalezas cívicas que hacen hincapié en una vida social saludable. En cuanto a la humanidad, se refiere a fortalezas interpersonales basadas en el acercamiento y cuidado de los demás.

Teniendo esto en cuenta, parece más que evidente que la Psicología positiva, la cual se centra en potenciar las fortalezas, resulta de gran importancia y utilidad en el ámbito social. Las profesionales sociales son vocacionales y esto implica disponer de capacidades para relacionarse con los demás, poseer empatía, asertividad, y principios morales. Todas estas características se engloban tanto con la fortaleza de humanidad como la de justicia.

En el ámbito de la educación social, como hemos comentado anteriormente, también es de vital importancia la Psicología positiva. Un educador social trabaja para un óptimo desarrollo social y proceso de socialización, aspectos positivos del ser humano.

Además de trabajar fortalezas y virtudes individuales, la psicología positiva potencia las sociales, como son la capacidad de amar, la sensibilidad estética, las habilidades interpersonales, el civismo, ciudadanía, la sabiduría, la responsabilidad, el trabajo ético y el altruismo (Seligman & Csikszentmihaly, 2000), fortalezas que trabajan los educadores sociales.

La educación social cobrará más eficacia si se lleva a cabo teniendo como objetivo un enfoque de proceso de enseñanza y aprendizaje desde y para la felicidad. Trabajando y ofreciendo al individuo herramientas para la construcción de sus propias competencias, en lugar de centrarse en corregir las deficiencias. El objetivo final de la psicología positiva aplicada a la educación social es la comprensión y construcción de emociones positivas, gratificantes para el individuo y significativas para el bienestar individual y colectivo.

Todo educador social y trabajador social debería establecer un compromiso personal de conocerse a sí mismo con la finalidad de un óptimo desarrollo personal y profesional, y en todo este trabajo por supuesto, entraría en juego una buena formación rigurosa de psicología positiva, inteligencia emocional y estudio de la felicidad que proporcione un conocimiento en bases psicobiológicas que ayuden a profundizar en el estudio holístico e integral del ser humano.

Instituto Psicobiológico
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